Los trabajadores de la tecla de la plaza de Santo Domingo fueron invitados a crear sus propias historias y no ser solo receptores de los pensamientos de otros y otras.

Hubo un tiempo en que resultaban personajes fundamentales dentro de la plaza de Santo Domingo, en el centro de la Ciudad de México, para cientos, miles de personas que deseaban escribir o contestar una carta para declarar su amor, lamentar una pérdida, saludar al pariente lejano. Hoy día permanecen allí, pero ya no son muchos; son reflejos de un pasado que se niega a desaparecer.

Acostumbrados a escribir lo que otros les dictan, aunque quizá con unos aderezos propios, hace unos meses recibieron la invitación de los artistas Fernanda Barreto y Ricardo Cárdenas para participar en el proyecto artístico Tra[Di(c)ción], organizado dentro de la Residencia Cultura de Casa Vecina.

 

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Jesús Alejo Santiago / Milenio

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