Una de las noticias que más ha trascendido en las últimas fechas fue el descubrimiento del zócalo original que diera nombre al Zócalo de la Ciudad de México.

Sin embargo, a tan sólo unos días de conocer los vestigios del basamento original, se dio a conocer que detrás de la Catedral Metropolitana un grupo de arqueólogos que trabajaba en la zona halló los restos de un lobo revestido con ornamentos de oro.

Se trata de un animal que fue enterrado por los aztecas hace más de cinco siglos. Se contabilizaron al menos 22 piezas las cuales incluyen una argolla nasal, pendientes y un pectoral, fabricadas con láminas del metal precioso.

Para Leonardo López, líder del equipo de arqueólogos, esta ofrenda por su cantidad y calidad de las piezas en poco común: “Estas son, sin lugar a dudas, las piezas más grandes y más refinadas descubiertas hasta ahora”. El animal, el cual representaba a Huitzilopochtli, Dios del Sol y la guerra, fue conducido a la bóveda por sacerdotes aztecas, de acuerdo al experto.

El lobo habría sido enterrado entre 1486 y 1502, y sus restos ahora son resguardados por los expertos.

Las excavaciones realizadas en el primer cuadro del Centro Histórico de la Ciudad de México, han permitido encontrar 205 ofrendas en los últimos 40 años.

En 1900, la bóveda se dañó por una tubería, y trabajadores estuvieron cerca de las piezas de oro, sin embargo, no notaron su presencia. “Si hubieran visto los objetos de oro, inmediatamente hubieran saqueado el depósito”, señaló López.

En el México prehispánico, el lobo mexicano era sinónimo de un ser poderoso, ocupando una posición relevante dentro de las estructuras sociales mexicas.

De acuerdo al estudio “El lobo mexicano (Canis lupes baileyi) en el contexto cultural prehispánico”, hecho por la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies, A.C. (AMMVEPE ) son varios los textos de la época que hablan directa o indirectamente de su relevancia en la vida social, cultural y política.

La historia nos habla de la presencia de dos órdenes guerreras conocidas como caballeros águilas y caballeros jaguar. Los primeros procedían de la clase gobernante, en tanto que los segundos pertenecían al grupo social dominante. No obstante había una tercera orden poco conocida llamada caballeros pardos, cuyos integrantes procedían del pueblo: nacidos de la gente baja y de hombres de poca suerte.

Los guerreros pardos al parecer tenían como animal distintivo al lobo y eran reconocidos por su valor en las batallas, podían vestirse de algodón, traer zapatos en el palacio y asistir a los banquetes, aunque nunca, no importando la valentía demostrada y los prisioneros hechos en batalla, podían llegar a ser tigres o águilas.

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