En la cosmología azteca, cuando los niños morían iban a un lugar muy especial. Su destino era el Chichihualcuauhco, representado por un árbol nodriza que tenía hojas de las que manaba leche para alimentar a los infantes muertos prematuramente.

En el Códice Vaticano A se explica de la siguiente manera:

Este era el tercer lugar que pasaban almas de esta vida, al cual iban sólo aquellos niños (angelitos) que morían sin tener uso de la razón. Fingían un árbol que destilaba leche a donde llevaban a todos los niños (angelitos) que morían ene de edad.

La imagen de este árbol estaba acompañada por la figura de Tezcatlipoca. De ahí viene la idea de que nuevamente ocuparían un lugar en el vientre materno para renacer.

Asimismo, el antropólogo Alfredo López Austin, ha señalado la posibilidad de que existieran otros lugares a donde iban las personas que morían de determinada manera y eran acogidos por un dios específico:

Las fuentes históricas conceden mucha importancia a cuatro mundos de muertos: el Mictlán, el Tonátiuh Ilhuícac (Casa del Sol), el Tlalocan y el Chichihualcuauhco. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que se creía que tanto los hombres poseedores de fuego divino en su corazón, como los que habían fallecido bajo la influencia de algún dios, eran conducidos a la morada de sus protectores. Ya el teyolía completo, ya parte de él, viajaba hacia la casa del dios que lo había elegido, y esto se hacía patente en los particulares atavíos que ponían al cadáver.

López Austin se plantea la probabilidad de que algunos individuos influyeran en su muerte para que ocurriera en el ámbito de un dios en específico. Sin embargo, otros especialistas disciernen sobre esta posibilidad, debido a que sin importar todos los preparativos que se le hicieran al cuerpo, este tendría que ir a alguno de los lugares que por destino le correspondía.

Por otro lado, otros investigadores hablan sobre la supuesta disgregación de la teyolía para ir a dos lugares diferentes. Al respecto, el antropólogo Leonel Durán Solís, rescata las palabras que le dirige el señor de Tacuba al cadáver el tlatoani mexica:

…ya has llegado al lugar de tus parientes y antepasados, los Señores: ya estás acostado y descansando a las sombras de los prados sombríos de las nueve bocas de la muerte y en la casa de la lumbre resplandeciente del sol, donde tus antepasados están: descanse ahora, hijo mío, tu cuerpo.

Lo anterior hace proponer a López Austin la disgregación de la teyolía, que implica que la esencia del gobernante iría a dos lugares; al Mictlán y al Sol.

El debate sobre el tema continúa abierto. Las investigaciones y hallazgos que se realicen en el futuro, serán claves para desmenuzar los usos y costumbres que tenían los mexicas sobre la muerte y sus significados.

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