Las personas que tenían una muerte natural y no fallecían en batalla, o por alguna enfermedad relacionada con el agua, su destino era el Mictlán (Lugar de muertos).

Tras una trayectoria de 4 años a través de las nueve regiones infernales, los muertos liberaban su alma ante la presencia del señor y señora de la muerte Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, regidores del inframundo que les decían: “Pues bien, han terminado tus penas, vete, pues a dormir tu sueño mortal. Después de cuatro años de viaje por el Mictlán, ¡La nada será tu destino final!”.

Estas son las nueve regiones que conformaban el Mictlán:

  1. La primera de ellas era el Apanohuaia (lugar en que habita el perro). En esta zona los muertos debían cruzar el río Apanohuacalhuia.
    Para atravesar este caudaloso río, era necesaria la ayuda de un perro Xoloitzcuintle, el cual, tenía como misión descubrir si el difunto era digno para ayudarle. En caso de no ser digno, el muerto quedaba vagando como sombra, alrededor de sus orillas, porque en vida había maltratado a algún perro.
  1. Posteriormente, iban al Tepectli Monamictlan (lugar en que se juntan las montañas), donde dos enormes cerros se abrían y cerraban chocando entre sí. El muerto tenía que encontrar el momento adecuado para cruzar por en medio sin ser aplastado.

  1. Una vez cruzadas las montañas, se dirigían a la Iztepetl (montaña de obsidiana), cuyo sendero de pedernales desgarraban a los muertos cuando tenían que atravesarlo para cumplir su trayectoria.
    A continuación, se encontraba un extenso complejo llamado Itzehecáyan o Itzehelóyan, dividido en dos regiones con fuertes vientos, indispensables para que los muertos arrojaran todas sus pertenencias, vientos tan fuertes que levantaban piedras y cortaban los cadáveres al recorrerlo.
  1. La cuarta región se llamaba Itzehecayan (lugar donde hay mucha nieve). Era una extensa área congelada con ocho collados de piedras abruptas de aristas cortantes, donde siempre caía nieve. Era la residencia de Mictlecayotl o Mictlampehécatl, dios del viento del Norte.
  1. El quinto nivel es el Paniecatacoyan (lugar donde la persona se voltea como bandera). Es la segunda región del extenso complejo Itzehecáyan. Aquí comenzaba una extensa área desértica de difícil movimiento con ocho páramos donde no existía la gravedad. Los muertos estaban a merced de los vientos, que próximos a salir, los regresaban o los llevaban de un lado a otro como banderas, hasta que finalmente lograban salir del sendero.
  1. La sexta ruta que debían seguir era el Timiminaloayan (lugar donde te flechan saetas). Uno de los senderos más dolorosos para los muertos, porque manos invisibles enviaban puntiagudas saetas para acribillar a los cadáveres mientras lo cruzaban.
  1. Teyollocualóyan (lugar donde te comen el corazón). Aquí había fieras salvajes que abrían los pechos de los muertos para comerse su corazón, por lo que, al salir un jaguar les comía el corazón.

  1. A la octava región se le conocía como Izmictlan apochcalolca (lugar donde se tiene que cruzar agua). Esta era la desembocadura del río Apanohuacalhuia, un lugar de aguas negras donde el muerto, ya sin corazón, se debatía por largo rato para salir. Además, debía atravesar un extenso valle lleno de nueve hondos ríos, adyacentes al Apanohuacalhuia, los ríos de los nueve estados de la conciencia.
  1. Finalmente, llegaban a la novena y última fase, el Chicunamictlan (lugar donde se tienen nueve aguas). Era un lugar donde la niebla lo cubría todo, aquí los muertos no podían ver a su alrededor. A esta altura, su cansancio era tal que les obligaba a la reflexión sobre las decisiones y acciones en vida. Se volvían uno con todo. Así, dejaban de padecer y entraban en el Mictlán, la residencia del señor y de la señora de la Muerte.

Por otra parte, en el libro “Los Antiguos Mexicanos” de Miguel León Portilla, se describe la creación de la vida desde el Mictlán:

Y luego fue Quetzalocoatl al Mictlán, se acercó a Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, y en seguida les dijo: vengo en busca de los huesos preciosos que tú guardas, vengo a tomarlos y le dijo Mictlantecuhtli:

-“Que harás con ellos, Quetzalcoatl?

y una vez más dijo (Quetzalcoatl)

-Los dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra.

 Y respondió Mictlantecuhtli:

-Está bien, haz sonar mi caracol y da vuelta cuatro veces alrededor de mi círculo precioso”.

Sin embargo, cuando Quetzalcoatl recogió los huesos y se alejó, los bañó con su sangre, logrando así el nacimiento de los humanos.

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