Vosotros dijisteis que nosotros no conocíamos al Dueño del cerca y del junto, a aquel de quien son el cielo y la tierra. Habéis dicho que no son verdaderos dioses los nuestros.
Nueva palabra es esta, la que habláis y por ella estamos perturbados, por ella estamos espantados.
Porque nuestros progenitores, los que vinieron a ser, a vivir en la tierra, no hablaban así. En verdad ellos nos dieron su norma de vida, tenían por verdaderos, servían, reverenciaban a los dioses”
Respuesta de los sabios mexicas a los doce frailes franciscanos.

Los diálogos de 1524.

La llegada de los españoles significó un cambio de paradigma para los habitantes de la gran Tenochtitlan y todos los pueblos que se encontraban bajo su dominio.

El 13 de agosto de 1521 caían los aztecas a manos del conquistador Hernán Cortés y los aliados indígenas que se rebelaron contra el imperio mexica.

La conquista militar terminaba y daba comienzo el periodo colonial en la Nueva España. Sin embargo, esta victoria era el comienzo para una conquista aún mucho más difícil: la espiritual.

Los conquistadores estaban frente a un universo antagónico a su pensamiento y forma de vida. Ante ello, el aparato de la iglesia católica debía implementar estrategias para convertir a los adoradores de los falsos dioses en fervientes cristianos.

Fueron tres las primeras órdenes religiosas que asumieron la tarea de evangelizar a los conquistados: los franciscanos (1524); los dominicos (1526); y los agustinos (1533).

El antropólogo Eduardo Matos Moctezuma se refiere a ellos de la siguiente manera:

Estos hombres fueron los que tuvieron a su cargo realizar lo que las armas no habían logrado; cambiar la forma de pensar de todo un pueblo o pueblos que vivían, pensaban y creían de manera muy diferente a ellos.

Su reto principal era explicar las sagradas escrituras y que los miles de indígenas pudieran entenderlas. Sin ahondar mucho en el tema, los investigadores señalan que los evangélicos usaron un sinfín de alegorías y analogías entre las creencias de los pueblos conquistados y lo que dictaba la biblia, para lograr su objetivo.

Por otro lado, la satanización de los dioses mesoamericanos no sólo perseguía un fin evangélico, sino que tenía una fuerte carga política. Sobre el tema, el antropólogo Félix Báez-Jorge, señala:

“Estimo necesario advertir en que la satanización de los dioses mesoamericanos no debe entenderse únicamente como instrumento sustantivo del proceso de evangelización. Sus propósitos políticos saltan a la vista en tanto afectaron severamente diferentes planos de la organización social (la ordenación del ritual, las jerarquías sacerdotales, etcétera).

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