Los Xoloitzcuintles han sido una raza perros que ha estado presente durante siglos en la cultura mexicana. Su importancia era tal para los pueblos prehispánicos,-especialmente para la mexica- que al morir una persona, uno de estos caninos era sacrificado para que le ayudara a cruzar el río Apanohuacalhuia.

El perro debía descubrir si el difunto era digno para ayudarle. En caso de no serlo, quedaría vagando como una sombra, alrededor de sus orillas. Fray Bernardino de Sahagún señala que los muertos nadaban encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno.

Como ya hemos mencionado, el viaje del muerto por los nueve niveles del Mictlan tenía una duración de cuatro años, por lo que los preparativos del cuerpo consistían de varios rituales. Uno de ellos, era llevar un perro de pelo bermejo, con un hilo flojo de algodón.

Una vez que el cuerpo estaba amortajado y colocado todos los aparejos necesarios para su viaje, mataban al perro, para ser incinerar a los dos.

La antropóloga Mercedes de la Garza, indica que existen varias razones para que este animal fuese elegido para tal propósito: “Desde la época prehispánica hasta hoy, los mayas y los nahuas creen que los perros ven muy bien de noche a las almas que salen de los cuerpos cuando éstos duermen, por eso aúllan”.

Garza también hace mención al Códice Laud, en donde el espíritu del perro llega al Mictlán y se presenta ante Mictlantecuhtli:

Sobre el muerto vemos a su perro acompañante portando un rollo de papel, en tanto que el espíritu del muerto arroja un adorno de papel en un brasero, que está ante las gradas del templo de Mictlantecuhtli.
Se trata del momento en el espíritu se presenta ante el dios de la muerte, para morir definitivamente; iba acompañado por el espíritu de su perro, por lo que tal vez éste también moría allí.  (Garza, 1997:199)

El tradicional Concurso de Ofrendas del Corredor Cultural Regina, es un esfuerzo comunitario por conservar e impulsar la tradición del Día de muertos.

Consulta las bases en: http://bit.ly/2xe2iAl

La iniciativa de la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México se distingue por el valor comunitario que da lugar a todas las perspectivas y discursos que se suman para generar una cosmovisión contemporánea de la tradición de la Ofrenda de Día de Muertos.

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