Uno de los principales trabajos de los evangelizadores fue crear lazos con los sacerdotes indígenas para que conocieran las bondades de la nueva religión. Su labor los llevó a investigar y ahondar en las antiguas creencias para conocerlas y alcanzar su objetivo.

Sin embargo, se valieron de otros recursos para lograr la conversión de los recién conquistados.

Una de las primeras cosas que notaron fue que los indígenas no ingresaban a las iglesias o templos, y  permanecían en el exterior, en las plazas. Ante ello, crearon grandes atrios para que ahí se congregaran, y diseñaron capillas abiertas que daban hacia estos espacios, para que todos fueran parte de la misa.

Aunque hubiera muchas misas y ceremonias católicas, los indígenas continuaban con sus rituales que bien podían durar varios días y se celebraban constantemente, por lo que los franciscanos, queriendo contrarrestar estas acciones, decidieron traer representaciones masivas, en las que el cristianismo triunfaba sobre el paganismo.

La primera de ellas fue El juicio final (1533), cuyo tema aludía a la bigamia. Posteriormente, llegaron otras obras como La destrucción de Jerusalen. Al término de estos eventos se bautizaba a los asistentes.

A pesar de los arduos intentos por estigmatizar a los antiguos dioses mesoamericanos y transformar las antiguas creencias, los evangelistas se encontraron con una ardua resistencia a tal imposición.

Fray Toribio de Benavente, mejor conocido como Motolinia, señalaba que “ocupados los españoles en edificar a México y en hacer casas y moradas para sí, contentábanse con que no hubiese delante de ellos sacrificio de homicidio público, que a escondidas y a la redonda de México no faltaban; y de esta manera se idolatraba en paz, y las casas de los demonios servidas y guardadas con sus ceremonias…”.

Uno de los hechos que más indignó a los franciscanos fue que entregaron imágenes cristianas a los nativos, las cuales, eran colocadas junto a los dioses antiguos, o bien, señala Toribio, “escondían a los suyos tras los muros”.

Al “descubrirse” que las prácticas paganas todavía se realizaban, se emprendió una encarnizada campaña para destruir todos aquellos templos dedicados a otros dioses. Además, parte de sus restos se utilizó para la construcción de iglesias.

Sin embargo, una cultura milenaria no puede ser aplastada y destruida por la imposición de otra. Gracias a los trabajos arqueológicos, se ha descubierto que algunas de las bases coloniales fueron trabajadas en antiguas esculturas mexicas. Y no cualquier tipo de escultura, se trata de Tlaltecuhtli, señor/señora de la tierra.

Se cree que los indígenas elegían estas piezas y las colocaban bajo tierra debido al significado de las mismas, y aunque esto no pasaba inadvertido para los evangelistas, el hecho de estar bajo tierra y no a la vista del público les restaban importancia.

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