De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia es un problema de salud pública; por lo que la manera más inteligente de hacerle frente es a través de un enfoque preventivo desde la salud pública, la epidemiología y la teoría ecológica del desarrollo humano.

Es un problema polifacético, para el que no existe una solución sencilla o única. Es necesario actuar simultáneamente en varios niveles y en múltiples sectores de la sociedad para prevenirla.

Atender factores de riesgo individuales y adoptar medidas encaminadas a fomentar actitudes y comportamientos saludables en los niños y los jóvenes durante su desarrollo; modificar actitudes y comportamientos en los individuos que ya se han vuelto violentos o corren riesgo de atentar contra sí mismos.

Algunas de las acciones para la prevención de las violencias que la OMS señala en el Informe mundial sobre la violencia y la salud son:

  • Influir en las relaciones personales más cercanas y trabajar para crear entornos familiares saludables, así como brindar ayuda profesional y apoyo a las familias disfuncionales.
  • Vigilar los lugares públicos, como las escuelas, los lugares de trabajo y los barrios y tomar medidas destinadas a hacer frente a los problemas que pueden conducir a la violencia, así como a concientizar a la población sobre la violencia, fomentar las actuaciones comunitarias y asegurar la asistencia y el apoyo a las víctimas.

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  • Hacer frente a las desigualdades entre los sexos y a las actitudes y prácticas culturales adversas.
  • Prestar atención a los factores culturales, sociales y económicos más generales que contribuyen a la violencia y tomar medidas para modificarlos, como las orientadas a reducir las diferencias entre ricos y pobres y garantizar un acceso igualitario a los bienes, los servicios y las oportunidades.

El estudio Fin a la violencia en América Latina¸ del Banco Mundial (BM), señala que se pueden aprovechar los programas públicos con los que cuentan los países en ámbitos como educación y combate a la pobreza para reenfocarlos a la prevención de la violencia, como la manera más efectiva de invertir en esta materia.

Para el sano desarrollo de una comunidad, es necesario atender todo tipo de violencias desde su raíz, prevenir situaciones críticas mediante la implementación de estrategias sociales que coadyuven a generar un cambio los problemas sociales existentes para evitar que los patrones o conductas violentas trasciendan en las poblaciones más jóvenes.

Durante los últimos años la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, ha trasladado su experiencia y capacidades a las colonias que integran la Pensil, con la finalidad de atender las principales problemáticas que enfrentan sus pobladores: exclusión social, distintos tipos de violencias, problemáticas de seguridad urbana, entre otras.

A través de programas que vinculan a sus habitantes, ha implementado diversas campañas que propician una nueva dinámica de sentido de pertenencia y sobre todo, fortalecen el tejido social como una herramienta para lograr un mayor bienestar para sus integrantes.

Para lograrlo se realizaron procesos de acompañamiento, asesoría psicológica y talleres de desarrollo humano en escuelas, unidades habitacionales, y espacios públicos y comunitarios, fortaleciendo habilidades sociales en alianza con instituciones públicas y privadas.

Actualmente las áreas de trabajo impulsadas por la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México son la prevención social de las violencias, el desempleo, la salud, la cultura y la educación de los ciudadanos, en una lógica siempre más fuerte de involucramiento de la comunidad local, alma del cambio social del territorio.

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