¿Cómo nos relacionamos con las personas que viven y habitan la calle? ¿Qué actitud tienes cuando los ves en una esquina o pidiendo dinero? Detrás de esa ropa maltrecha y rostros sucios, se esconden historias que desnudan la crudeza de una vida como paria.

Durante el mes de febrero, la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, presentó el libro, SOMOS CALLE, como resultado de un trabajo social que consistió en escuchar y generar confianza entre la población callejera.

Las historias del Chaparro, el Salva, el Lauro y otros, quedaron plasmadas en esta novela que busca ser el inicio de un proceso que permita construir entre las personas en situación de calle un elemento fundamental en cualquier ser humano: la dignidad.

Este diagnóstico se realizó para entender y visibilizar la problemática de este tipo de población. Sus operadores experimentaron con las poblaciones callejeras sentimientos de locura, angustia, desilusión, desafío, ganas de vivir, fiesta, dolor, muerte, música, alegría y desencanto que quedaron plasmados en la novela, una pieza de ficción con lenguaje de calle y protagonistas que se mantienen anónimos, pero que son reales.

Las calles de todo el mundo son muy parecidas: mismo olor, misma angustia, misma rabia, misma basura, mismo increíble circo de relaciones; sin embargo y a la vez son lugares únicos, con leyes propias, con códigos propios, incomparables con otros espacios, señaló en su momento Vincenzo Castelli, asesor internacional de la Fundación del Centro Histórico.

De la mano de Edson Lechuga, conoceremos cómo es la vida en las calles: “son parte fundamental discurso de la ciudad, toda ciudad sin estas poblaciones dejarían de ser lo que son, para convertirse en otra cosa, no sé si mejor o peor, pero no sería lo mismo”.

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