A propósito del Taller de Orientación Vocacional en la Secundaria 26

La Fundación del Centro Histórico, en aras de cumplir su misión de mejorar la calidad de vida de las personas, llevó a cabo el Taller de Orientación Vocacional en la Escuela Secundaria Técnica No. 26 “Carlos Pellicer Cámara”, ubicada en la Pensil.

La actividad busca reducir los índices de deserción escolar en la zona mediante el desarrollo de estrategias, herramientas y recursos que incidan en la creación de un proyecto de vida.

En su primera etapa, el taller contó con 12 sesiones en las que estudiantes de 3er año de secundaria desarrollaron habilidades básicas en la toma de decisiones, de cara a generar expectativas para el futuro.

David Salgado, responsable del taller, nos comparte la experiencia.

 

El panorama de las profesiones en la Pensil

La iniciativa del Taller de Orientación Vocacional surge a partir de algunos datos arrojados por el Diagnóstico Integral que la Fundación hizo para conocer las problemáticas de la Pensil.

Si bien hay jóvenes que tienen un proyecto de vida identificado, a partir del Diagnóstico se hace evidente una problemática: el segmento de adolescentes que menciona enfrentar dificultades en su vida (tristeza, problemas, obstáculos), no relaciona sus proyectos de vida al desarrollo académico, mientras que aquellos que describen su vida en términos más positivos, vinculan su vida a los estudios y al desarrollo profesional (Diagnóstico Integral Pensil; 34-35).

A decir de David Salgado, es un reto importante aproximarse a lo que representa socialmente elegir, o pensar una posible carrera, cuando se está en nivel secundaria: “Por una parte existen representaciones sociales que surgen cuando se está en colectivo.

Algunos dicen ‘yo quiero ser narcotraficante’, o ‘polecía’, así en esos términos.

Se dice todo lo que ‘está de moda’. Por otra parte, se trabaja con un instrumento por sesión, es un cuadernillo en donde, ya a nivel personal y privado, mencionaban otras posibilidades como ‘yo quiero ser doctor, o abogado’. Va saliendo, por una parte, lo que se espera que diga y, por otra parte, lo que en realidad quieren ser.

 Este tipo de talleres, como menciona David, favorece la no deserción escolar porque da perspectivas de vida: “Una chica, a partir del taller, reflexionó sobre lo que realmente quiere ser: de algo que tenía pensado, decidió que sería mejor otra cosa para ella, es quizás es un 1%, pero eso te da otras pautas para pensar lo que sucede a escala más amplia”.

 

Sobre el Taller de Orientación Vocacional: más allá de la autoridad

Para David, hay todavía mucho que hacer en cuanto a la motivación de los estudiantes: “A nivel nacional veo a los profesores muy cansados, desgastados. A veces, el apoyo de una institución externa como la Fundación del Centro Histórico –con una propuesta de vinculación con actividades relevantes para los estudiantes, profesores y familiares– ofrece un descanso para la estructura educativa formal.

 De ahí que resulte relevante plantear actividades como el Taller de Orientación Vocacional, y otras como las incluidas en el Programa de la Fundación ‘Habilidades para la Vida’, desde otro nivel de comunicación diferente al que generalmente tienen los estudiantes de secundaria con las figuras de autoridad.

 La primera parte del taller consiste en generar ese ambiente de respeto entre todos, donde nosotros no somos la autoridad sino facilitadores de un espacio de confianza. Esto permite que el taller se lleve a buen término y sea posible trabajar el desarrollo de habilidades como liderazgo, asertividad, que abran el panorama para tomar decisiones.

Después se trabaja con la identificación de tres o cuatro carreras que podrían estudiar y qué universidades las ofrecen. En este proceso es muy importante que cada estudiante reconozca su situación actual y ver qué hacía falta para lograrlo. Es una forma de dar cuenta de uno mismo y hacerse cargo de su propio futuro”, comenta David Salgado.
 

La cultura del silencio

David Salgado, además de ser el responsable del Taller de Orientación Vocacional, es parte del equipo del eje de intervención Vida Comunitaria, de la Fundación del Centro Histórico en la Pensil, y también trabajó en el Programa de Empleabilidad dentro de la misma institución.

Al preguntar a David sobre las problemáticas más relevantes que ha percibido durante su labor en la Pensil, nos habla de una reflexión en equipo, propuesta por Lorenzo Escalante, líder del eje Vida Comunitaria: la cultura del silencio.

“Hay un momento en el cual, nosotros como sociedad, no hablamos de lo que está ahí; tú puedes ir a Legaria y notar que hay un consumo de sustancias que no está nombrado, incluso está justificado. Lo que no se dice, que pasa, que es y que genera, eso es la cultura del silencio. A veces lo que genera no son aspectos positivos, se mantiene una estructura subyacente que condiciona otras estructuras de la sociedad, esa es la cultura del silencio: no decir y justificar”, comenta David.

Repercusión de la cultura del silencio en los adolescentes de la Pensil

En la experiencia de David, este contexto repercute por completo en la vida de los adolescentes: “Dentro de sus dinámicas se avientan cosas, se pegan, a pesar de que vamos tres o cuatro personas a la actividad, no podemos tener la vista en 30 o 60 chavos. Se intenta reflexionar y concientizar sobre los sucesos, como la importancia de no lastimar a nadie, pero vemos que prevalece la cultura del silencio: nadie dice nada porque temen al castigo, a la represalia, o a ser estigmatizado como ‘el chismoso’. Hay que quedarse callados para que no les pase nada. Es lo mismo que sucede a escala nacional, escuchas a los adolescentes y hablan de narcotraficantes, de drogas. Hacer esta escucha permite entender una dinámica o un sistema cultural y pensar vías de acción.”

A ese respecto y sobre la percepción de la violencia en los jóvenes de la Pensil, el Diagnóstico menciona que la mayor parte de los jóvenes se sienten más expuestos a las violencias en:

  • la calle: 93.5%
  • la escuela: 75.0%
  • la casa: 43.4%

En lo particular las mujeres perciben una mayor violencia dentro de los hogares y en las calles, en especial las más jóvenes; por su parte los hombres jóvenes perciben más violencia en los planteles escolares. Pese a ello parece haber un proceso adaptativo al contexto. (Diagnóstico Integral Pensil; 36).

 

Antropólogo social

David Salgado es Antropólogo Social, en su experiencia de trabajo en la Fundación del Centro Histórico y, particularmente en la incursión de la institución en la Pensil, sus aprendizajes más significativos tienen que ver con generar reflexiones:

“A partir de un reporte de escucha social que hicimos en Vida Comunitaria, nos damos cuenta de que hay un relato subyacente: una cosa es lo que se dice textualmente y otra cosa lo que aparece desdibujado, entre líneas. Leer esas entrelíneas es lo que a mí me aporta como profesional. El entendimiento de las personas y cómo a través de una análisis lingüístico, semiótico o estructural, se puede entender la vida en la Pensil. Hay ciertos códigos dentro de la comunidad que no son asequibles si no naciste y creciste aquí, pero es posible acercarse a ellos.”

En cuanto al Taller de Orientación Vocacional, “de todos los resultados, algo que impacta es que, cuando se devolvieron los cuadernillos a los estudiantes al finalizar el taller: se aplaudieron entre ellos. Eso no lo esperábamos, quizás ellos mismos no esperaban mucho del taller, a esa edad están jugando, hablando todo el tiempo. Hay aspectos que no se verbalizan, pero que se expresan incluso físicamente, como el hecho de aplaudir.

La Fundación en la Pensil

 A partir del éxito de las acciones de revitalización que ha llevado a cabo la FCH en la zona Centro, en 2014  inicia actividades de intervención comunitaria en la zona denominada “La Pensil”, en la alcaldía Miguel Hidalgo. Para ello mantiene la misión de impulsar el desarrollo urbano desde diferentes ámbitos.

Para el 2017, la Fundación CH muda por completo su Programa Social a La Pensil, trabajando desde 5 ejes de acción determinados tras la elaboración de un diagnóstico comunitario integral y en los que promover la participación comunitaria para la adquisición de habilidades, es el objetivo primordial.

 

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